El chorreado con arena aplicado a piezas y estructuras metálicas conlleva importantes riesgos para la salud, especialmente por la exposición a sílice cristalina respirable. A continuación se detallan los factores que incrementan la probabilidad de que se produzcan daños para la salud en entornos industriales.
El riesgo aumenta a medida que se incrementa el porcentaje de sílice cristalina presente en la arena. En los procesos de chorreado, la arena utilizada suele contener entre un 94 % y un 99 % de sílice, lo que supone un nivel de peligrosidad muy elevado.
El impacto del chorro fragmenta la arena y genera partículas de tamaño muy reducido. Una proporción significativa presenta un diámetro inferior a 16 micrómetros, lo que facilita su penetración hasta la zona alveolar de los pulmones.
Durante los trabajos de chorreado con arena pueden alcanzarse concentraciones de sílice cristalina muy superiores a los valores límite de exposición, incrementando el riesgo de inhalación prolongada.
Debe considerarse tanto el tiempo dedicado directamente al chorreado como el empleado en la colocación y retirada de piezas, así como la permanencia en zonas próximas donde el polvo de sílice se haya dispersado.
En procesos no confinados, el operario suele estar sometido a una elevada carga física, derivada de las condiciones ambientales, el esfuerzo necesario para manejar la lanza y las mangueras y el uso obligatorio de equipos de protección respiratoria asistida.
Además de la sílice cristalina, pueden inhalarse partículas procedentes de las superficies tratadas, como óxidos metálicos y pigmentos de pintura, que suponen riesgos adicionales para la salud respiratoria.
El riesgo aumenta cuando existen deficiencias en las medidas preventivas, como la ausencia de sistemas eficaces de captación de polvo, una ventilación insuficiente, un mantenimiento inadecuado de filtros o el uso incorrecto de los equipos de protección individual (EPI).
La susceptibilidad individual, la existencia de patologías respiratorias previas y los hábitos tóxicos, especialmente el tabaquismo, pueden agravar los efectos de la exposición a la sílice cristalina, favoreciendo enfermedades pulmonares crónicas y un deterioro acelerado de la función respiratoria.